La tecnología, la información y los teléfonos celulares
El desarrollo de la tecnología y el manejo de la información emociona y fascina y, a la vez, nos hace vulnerables.
Sociedades globalizadas en forma eficiente y hasta avances médicos que optimizan la calidad de vida, pero ¿cuánto de ético, de privacidad y de impacto ambiental se genera?
Computadoras, teléfonos celulares, tablets y tantos otros dispositivos electrónicos, todos estos equipos inteligentes forman parte de nuestra vida 24/7.
Hoy existen funciones para casi todo, desde redes sociales hasta aplicaciones para uso en bancos, tarjetas de crédito, compras locales e internacionales, cobro y pago de salarios. Existen plataformas de estudio donde nos permiten en pijama y pantuflas obtener títulos de posgrado.
Ya cayó en desuso el reloj despertador, abrimos los ojos y lo primero que hacemos es mirar la hora desde nuestro equipo móvil que, por supuesto ha quedado encendido junto a nuestra almohada o sobre la mesa de luz.
De ahí en más, ducha, desayuno, traslado al trabajo o estudio, este pequeño equipo nos acompaña permanentemente. Radio, diarios y semanarios, Buenas y malas noticias, novedades de familia y amigos, informativo, música, todo se escucha y se sabe desde allí.
Nos sentamos a la mesa para un desayuno rápido y de tres, cada uno mira su equipo, buscando conectarse con amigos, leyendo correos y mensajes. Pero a quien tenemos frente a nosotros, compartiendo la mesa, madre, hijo, esposo, ¿nos hablamos… conversamos? ¿Proyectamos una salida juntos?
Desde una App se nos recuerda que es el cumpleaños de un familiar o de un amigo. ¿Lo llamamos para saludarlo? ¡Mejor no! Con un simple y breve ¡¡¡FELIZ CUMPLE!!! acompañado de una carita feliz, ya damos por gentil el saludo. Y seguimos en ese remolino que es nuestro día, ¿conectados a quién? ¿con quienes nos rodean o con el celular? ¿Estamos junto a la familia o somos pareja sólo el celular y yo?
La tecnología cuando se utiliza adecuadamente colabora en nuestra vida cotidiana, aprendemos, avanzamos y acortamos distancia entre quienes están lejanos a nosotros, es una forma fácil, placentera y en tiempo real de estar comunicados con nuestros seres queridos.
La tecnología, la información y los teléfonos celulares.
Pero también existe otra forma nociva y que lleva a riesgos, cuando no estamos conscientes de cuán expuestos estamos al usarlo tantas horas del día. Científicos aseguran que las personas superan las 8 horas diarias conectados a dispositivos, es decir, un tiempo muy similar a una jornada de trabajo, siendo el horario de mayor uso el de la comida. De modo tal que, sin importar si estamos o no acompañados y/o en familia, prevalece nuestra conexión on line por sobre todas las cosas. Entonces ¿dónde queda el tiempo para las relaciones e incluso para nuestra intimidad?
A través de las redes sociales y diferentes App nos vinculamos e intercambiamos información con personas en quienes volcamos nuestras vidas y sentimientos, quizás hasta podamos tener cosas en común, ¿pero objetivamente esos perfiles con los que nos contactamos son ciertamente reales?
Debemos preguntarnos que nos provoca o nos estimula más: ¿un café en compañía de un hermano, una mamá, un esposo?, o ¿un café en pijama, solos, vinculados a una pantalla e intercambiando mensajes con alguien a quien no conocemos? ¿Cuál de los dos momentos contribuyen a nuestra autoestima? ¿Cuál de estos dos mundos mejoran y fortalecen nuestros vínculos?
Lo realmente importante sería entender que las redes sociales y la tecnología toda, no debieran privarnos del intercambio persona a persona, de los abrazos, de mirarnos a los ojos, aprendiendo a hacer un uso balanceado de las mismas.
No se trata de demonizar a las App, a las redes sociales o a la tecnología, sino que es importante tener presente el impacto que provoca en nuestras vidas y en nuestro entorno, instaurando un uso responsable de las mismas, cuidando nuestra salud física y mental.
Busquemos que la tecnología se convierta en una forma de convivencia y diálogo, pero que no sea la base donde se sustente nuestra vida. Debemos lograr comprender que la responsabilidad que tenemos a nuestro alcance está dada no sólo en el tiempo operativo del uso de nuestro equipo electrónico, sino también cuanto de ético tiene su uso.
El teléfono soy yo.
Pero el teléfono soy yo.
Tiene mi historia clínica, mis cuentas bancarias y tarjetas de crédito.
Mis mensajes con mis amigos, con mis clientes y con mis compañeros de trabajo.
Recibo y doy órdenes e instrucciones.
Compro, vendo y pago. Busco información y fotos sobre los temas que me interesan y aquellos por los que tengo curiosidad.
Mi teléfono (y por extensión la Tablet, notebook y computadora) tienen toda esa información que está protegida por la Constitución y la Ley por lo que nadie puede acceder a todo o parte de la misma sin mi consentimiento expreso.
No hay razón alguna para que se invada mi intimidad, la de mi familia, clientes y amigos, mi economía, mis secretos, ni siquiera para investigar presuntos delitos cometidos por otros.
Y si fueron cometidos por mí, menos aún, porque nadie está obligado a declarar y producir pruebas en su contra.
Además, a la vista está que no hay garantías con el manejo de la información.
La tecnología, la información y los teléfonos celulares
Junio 2024.





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