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11 de marzo de 2020 a las 05:03

Fuerza Aérea Uruguaya «no encuentra» documentos de la dictadura

A la ya anunciada pérdida de sus libros de vuelo de entre 1976 y 1979, la aviación militar anuncia ahora nuevos legajos que se extraviaron.

La Fuerza Aérea Uruguaya dice que ya no tiene una serie de documentos relevantes sobre su actividad durante la dictadura, de acuerdo a su respuesta a un pedido de informes realizado por el abogado del coronel aviador retirado Enrique Ribero, recientemente pasado a situación de reforma por un tribunal de honor.

Ribero cumple una pena de 19 años de cárcel como responsable del asesinato del militante comunista Ubagesner Chaves Sosa, ocurrido en 1976 en la base de Boiso Lanza. Su condena ha sido ratificada por la Suprema Corte de Justicia.

El abogado defensor del militar, Carlos Bustamante, ha anunciado que interpondrá un recurso de revisión de esa condena ante la Suprema Corte, ya que su defendido insiste en su inocencia.

Para fundamentar y probar su reclamo solicitó una serie de documentos a la Fuerza Aérea, pero la respuesta oficial fue que la mayor parte de ellos ya no están.

Bustamante pidió los documentos el 19 de diciembre. La FAU se tomó casi dos meses para responder que no los encuentra.

Según la respuesta remitida a Bustamante por el Ministerio de Defensa Nacional, los documentos no encontrados son el libro de sanciones a los oficiales de la Escuela Técnica de Aeronáutica de 1972, la carpeta individual de vuelos del coronel Ribero, el libro de vuelos de la Unidad de Servicios Capitán Boiso Lanza de 1976, el libro de vuelos del Grupo 3 de la Fuerza Aérea de 1976 y el “listado de guardia” de la unidad Boiso Lanza de los meses de mayo y junio de 1976, donde constan quiénes estaban designados como jefe coordinador, oficial controlador, médico de servicio, comandante y personal de guardia.

La Fuerza Aérea –según la respuesta- tampoco tiene una copia de la investigación que el entonces comandante en jefe, general Enrique Bonelli, entregó en 2005 al presidente Tabaré Vázquez sobre violaciones a los derechos humanos en el arma durante la dictadura.

“Me parece muy extraño que se hayan extraviado una serie de documentos tan diversos, de distintas oficinas”, dijo el abogado Bustamante a El Observador.

La respuesta de la Fuerza Aérea está fechada el 10 de febrero y está firmada por el entonces comandante en jefe, general aviador Hugo Marenco, y fue remitida a Bustamante por el Ministerio de Defensa Nacional, antes del cambio de gobierno.

En cambio, la FAU si entregó a Bustamante otros tres documentos pedidos: el legajo personal de Ribero, un listado de alumnos y calificaciones de 1976 en la escuela de Estado Mayor Aéreo y el listado de integrantes de dos compañías con sede en Boiso Lanza en ese año.

El entonces ministro José Bayardi dijo que el ministerio se limitó a dar trámite al pedido de informes y remitir la respuesta recibida de parte de la Fuerza Aérea.

“El Ministerio traslada lo que recibió de la fuerza en la que se supone que podía estar la información solicitada. Por cierto que no considero buena la respuesta”, dijo Bayardi al ser consultado.

La Fuerza Aérea ya había respondido en agosto que no tiene los libros de vuelo de los Grupos 3, 4 y 6, de entre 1976 y 1979, en un pedido de acceso a la información pública realizado por El Observador, con el fin de intentar chequear el testimonio de un exintegrante de la fuerza que dijo haber sido testigo de un “tercer vuelo” con traslado de prisioneros desde el exterior en 1976.

El caso Ribero
Antes de dejar la presidencia, Tabaré Vázquez homologó el fallo de un tribunal de honor de la Fuerza Aérea que determinó que Ribero sea pasado a reforma por haber incurrido en una “descalificación por falta gravísima” en el caso de la muerte de Ubagesner Chaves.

Sin embargo, como Ribero acusó ante el tribunal a otros oficiales de la Fuerza Aérea de estar implicados en la desaparición del militante comunista, Vázquez determinó que se remitiera el “testimonio completo de estas actuaciones a la Fiscalía Especializada en Delitos de Lesa Humanidad, a los efectos que ésta estime pertinente”.

El 16 de noviembre, El Observador informó que Ribero había entregado documentos a la fiscalía y al tribunal de honor acusando con nombre y apellido a quienes habrían sido los responsables de desaparecer a Ubagesner Chaves. En esos documentos, acusó a la Fuerza Aérea de proteger a los verdaderos culpables.

De acuerdo a esos documentos, el 7 de junio de 1976 Ribero estaba en la base de Boiso Lanza hablando con el mayor Abelardo Ríos: “Dicho jefe se encontraba en el costado de la calle interna y en ese momento ingresa a la unidad un vehículo de patrulla, bajando el teniente segundo Gustavo Urban, dirigiéndose a hablar con el mayor Ríos, por lo cual el suscrito se aleja prudencialmente, escuchando que (Urban) le dice (a Ríos): ‘compramos dos bolsas de cal y un litro de ácido, ¿la boleta se la entregó al teniente López?’  A lo cual el mayor Ríos le contesta: ‘No, rómpala’”.

Ribero cuenta que luego Urban se le acercó y, pensando que ya estaba enterado de la situación, le comentó: “Le puse una piedra de cal en cada mano y otra en la boca. El mayor Ríos nos dio una botella de whisky”.

“Dicho oficial se encontraba muy nervioso, y con una ansiedad muy notoria”, relata Ribero en el escrito. Concluye que Urban fue el “responsable del entierro de Ubagesner Chaves”.

Consultado en noviembre sobre esta acusación, Urban dijo desconocerla y no tener nada que declarar.
Los restos de Chavez Sosa fueron hallados en noviembre de 2005 en una chacra de Pando de la Fuerza Aérea.
Ribero no es el primer integrante de la Fuerza Aérea que acusa al oficial retirado Urban: también lo hizo el exsoldado Elicer Perdomo.

En una nota realizada para TNU en agosto de 2007, Perdomo acusó a Urban y al oficial Roberto Cáceres de estar implicados en la desaparición de un prisionero de Boiso Lanza, el tupamaro Arpino Vega.

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“Dos oficiales de la época en que yo estuve en la Fuerza Aérea, Cáceres y Urban, que eran capitanes en aquel entonces, tienen que saber, algo tienen que saber. Porque yo escuché una vez una conversación de ellos, que habían hecho algún movimiento. Porque el comentario de ellos fue: ‘ahora sí que lo busquen’, y estaban embarrados de la cintura para abajo”, dijo el exsoldado a la periodista.

Perdomo, en diálogo con El Observador, ratificó sus anteriores declaraciones a TNU. “Lo que declaré en 2007 es lo que yo sé. He tratado de averiguar más con mis camaradas, pero nadie habla”.

Para que Ribero fuera condenado jugó un papel central el testimonio de Gerardo Barrios, uno de los prisioneros de Boiso Lanza.

“En determinado momento –dijo Barrios en el juzgado– se cansan de torturarnos y me acuerdo que Ribero le decía a uno de los oficiales ‘vamos al casino a tomarnos una’. Dejan un soldado de custodia, se hace silencio y en determinado momento quedo parado contra la pared, Chaves tirado en la parrilla porque no podía estar de pie y empiezo a notar que la respiración de Chaves es mala. Yo me doy cuenta y grito a la guardia que está mal, llaman al oficial y vienen un par de ellos, comprueban que está mal porque llaman un médico (…) A todo esto yo sigo parado ahí. Veo que entra el médico y puedo ver que el médico ausculta a Chaves y le dice a Ribero que está ahí: ‘sí, es el bobo’”.

Chaves Sosa era un obrero metalúrgico y dirigente sindical que tenía 37 años y era padre de una niña cuando fue detenido.